Tuesday, April 30, 2013

Reflexión: Mt 6, 24-34 "El afàn y la ansiedad"

Queridos hermanos y hermanas.

Sabemos que esta vida es un un ciclo corto, cuanto más si la comparamos con la vida de nuestro planeta, de las estrellas o del cosmos. Entonces ¿por qué nos aferramos a ella pretendiendo que sea eterna? Hemos sido dotados de inteligencia, libertad y voluntad ¿por qué no podemos erguirnos por sobre nuestras limitaciones para ver al frente, en el horizonte, lo que nos propone Jesús?

Esta vida, aunque corta, tiene un sentido. Es un puente, una puerta, un camino hacia la otra, hacia aquella que vemos al frente, en el horizonte. Entonces, debemos de valernos de todos los recursos que esta nos provee, para alcanzar la otra orilla. ¿Cómo es esto posible? Pues entendiendo lo que el Señor nos propone, que en esta lectura es totalmente claro. Sin tapujos, ni reservas, el Señor nos plantea directamente el dilema “existencial” en el que nos desenvolvemos. ¿Servimos a Dios o al Dinero? No hay más. ¡Dejémonos de rodeos, de excusas, de palabrería! ¿estamos con uno o con otro? ¡No podemos estar con los dos!

Cruzar, atravesar por esta vida, hacia la otra, es una tarea relativamente sencilla, para quien tiene fe, para quien deposita su confianza y sus esperanzas en el Señor. Si nos enfocamos en el Reino, y hacemos todo lo que esté en nuestras manos por alcanzarlo, todo lo demás que creemos tan necesario para vivir, nos será dado por añadidura, por el tiempo que sea necesario para cruzar este puente, para atravesar este camino. Si estamos así enfocados, el Señor no nos abandonará jamás.

En cambio, si nos anclamos, si nos hacemos esclavos de todo aquello que creemos necesario para vivir bien, de todo aquello que finalmente se reduce a dinero, es decir, si nos hacemos esclavos del Dinero, que es a lo que finalmente se puede reducir, todo aquello que anhelamos y deseamos resolver antes de comprometernos y ponernos en camino, como equecos, nunca podremos cruzar el puente, porque siempre echaremos de menos algo, siempre nos faltará algo…Esclavos del tener, del atesorar, del acumular, del mantener, no seremos capaces de arriesgar, ni sacrificar nada, porque todo nos parecerá merecido, protegible e insuficiente…

Incapaces de renunciar a nada, cargados como ropavejeros, en lugar de avanzar, retrocederemos, porque siempre encontraremos algo que nos hace falta, algo más que cargar, algo más que llevar, algo más que tener. Así, cargados, nunca encontraremos el mejor momento para partir, para cruzar…Y si logramos hacerlo, no podremos entrar, porque la puerta es estrecha y lo que requiere es que la crucemos “ligeros de equipaje”…Libres, como hemos sido creados, sin ataduras de ninguna clase, para volar alto, hasta alcanzar las estrellas, hasta alcanzar el Reino del Señor.

El que tiene a Dios, lo tiene todo, no le hace falta nada. Eso es todo por lo que tenemos que preocuparnos cada día. Hacer la Voluntad de Dios en nuestras vidas, que no es otra cosa que amarlo por sobre todas las cosas y amarnos mutuamente. Eso es lo primero, lo único que debe preocuparnos cada día, el resto vendrá por añadidura, porque nuestro Padre Dios, sabe lo que necesitamos cada día y el se encargará de proveerlo, como hace con toda la naturaleza… cuanto más con nosotros, que somos sus hijos.

Amar no te hace badulaque, irresponsable, ni ocioso. Amar te hace enfocarte adecuadamente, dando importancia a lo que de verdad lo tiene, y no engañándote, ni engañando a los demás. Es cuestión de principios. Y nunca puede ser mejor aplicada esta palabra que aquí. Debes empezar por responder sinceramente ¿qué es lo que quieres lograr y alcanzar en la vida? Si estás bien enfocado, si mantienes este “principio” o estos “principios” a lo largo del día, los mantendrás a lo largo de tu vida. Si así lo haces, alcanzarás el Reino y serás luz y sal para el mundo, arrastrando con tu ejemplo a cuantos se te crucen en el camino. De otro modo, serás un obstáculo, una distorsión, un engaño…

Tengamos presente siempre, que no existen dos caminos. Que no existen dos vías posibles. Que no hay reconciliación posible entre ellas. O estas con una o estás con otra. No se puede servir a dos señores, nos lo recuerda Jesús. Es cuestión de decidir y en eso consiste nuestra salvación… Vino la Luz al mundo y algunos preferimos andar en las tinieblas. ¡Es nuestra decisión! Dios no ha venido al mundo a condenarlo, sino a salvarlo. Recordemos esta advertencia que entendemos muy bien…¡No nos hagamos los tontos, que no podemos engañarnos a nosotros y mucho menos a Dios!

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos engañemos, que busquemos excusas para posponerte, para no hacer lo que debemos. Danos la voluntad y el coraje para seguirte hoy, aquí y ahora…que el resto vendrá por añadidura. Gracias por todo lo que nos das a manos llenas y sin merecerlo. Gracias por mis padres, mis hermanos, mi esposa, mi hijo, su novia, su familia…por mis amigos, por la vida.…Amén.

Ceneidy Gonzalez

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